Nuestro poder para ganar

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Nuestro poder para ganar

Según contaba la muy conocida leyenda, los dioses celosos de su belleza regalaron a la espectacular Pandora, una hermosa princesa de la antigua Grecia, una misteriosa caja, no sin antes advertirle a la joven que jamás debería abrirla.

Un día la curiosidad y la tentación pudieron más que sus convicciones ante la advertencia, y finalmente abrió la tapa para ver su contenido.

Lo que desencadenó la liberación de las grandes aflicciones en el mundo, en su desesperación consiguió cerrar la caja justo a tiempo, tanto que evitó que se escapara de ella la esperanza, el único motivo que hace tolerable las miserias de la vida.

La caja de Pandora, desde entonces guarda la esperanza de los seres humanos. 

¿Cuál es nuestro poder para ganar en la batalla de la vida personal y profesional?

Cada uno de nosotros en el afán de crecimiento personal y profesional, desarrolla una serie de paradigmas, métodos y creencias, que pueden ser basadas en los valores aprendidos en casa, los principios, la educación recibida y las experiencias propias.

Nuestro poder para ganar

Desarrollamos distintas maneras de lograr nuestras metas, de compenetrar equipos de trabajo y hacer eficaces nuestras relaciones con los demás.

Dentro de estos puntos encontramos que hay un dominio de estimulación que será diferente para cada ser humano.

Hemos hablado en diferentes oportunidades del pensamiento positivo en el liderazgo, y te he hablado de las conclusiones finales sobre el tema, tomando en cuenta, que esto no es sentarse a pensar, por el contrario. Es pensar positivo y actuar en consecuencia. Pensamiento lleva a la acción, acciones te impulsan a la meta.

Técnicamente hablando, la esperanza es la ilusión inocente de que todo irá bien. Te dejo claro que no todo el mundo tiene las mismas expectativas, ni espera recibir la misma recompensa por los logros obtenidos.

Te explico mejor, no es igual a ser un cirujano y tener un equipo médico a tu cargo, que ser un violinista. Un tenista de alto desempeño no tiene los mismos intereses que un jugador de béisbol de las grandes ligas. Un jugador de fútbol de la liga inglesa no tiene las mismas esperanzas que un director de ventas regional.

La esperanza es parte del poder para ganar, porque es parte de nuestros deseos e ilusiones. Hay quienes creen que son idóneos de salir de cualquier situación o de encontrar la forma de resolver problemas. Mientras que otros simplemente no se ven con la energía, la capacidad o los medios de alcanzar sus objetivos.

Podemos dividirlos entonces, entre personas negativas y personas positivas

¿Has encontrado personas de estos dos bandos? ¿Cuál te ha dado energía para seguir en tu proyecto? ¿Quién te ha quitado la esperanza?

Cuando lo vemos desde la inteligencia emocional, la esperanza personifica que uno no se rinde ante las dificultades. No sientes que estás derrotado o te dejas arrastrar por la depresión. Cuando te encuentras frente a frente con dificultades y sobresaltos en el camino.

 Las personas que llevan por bandera la esperanza, son de hecho, muy positivas y viven esperanzadas. Por tanto se deprimen menos, pues están constantemente en la búsqueda de sus objetivos y se motivan a vivir sus experiencias. Sacando al máximo lo mejor de ellas, tienen menos tensiones emocionales y no son tan ansiosos, la paciencia es su clave.

Al igual que ocurre con la esperanza, el optimismo es un factor clave de nuestro poder para ganar. Tú puedes medir el éxito que obtendrás, si te lo propones cuando sabes que quieres en la vida.

Este también significa tener expectativas en que las cosas irán bien, se arreglarán y podrás llegar donde te lo propongas. El optimismo es una actitud que impide caer en la apatía, la desesperación o depresión ante las denominadas adversidades.

Te dejo un ejemplo en una historia de investigación realizada por Martin Seligman:

Los vendedores de seguros de MetLife

“Ser capaz de encajar una negativa es algo fundamental en todo tipo de ventas, especialmente en el caso de un producto tal como los seguros, en que la proporción entre “NO” y “Si”, puede llegar a ser desalentadora más elevada. Esta es la razón que explica que las tres cuartas partes de los vendedores de seguros abandonen su trabajo durante los tres primeros años.

La investigación realizada por Seligman demostró que durante los primeros dos años. Los optimistas vendían un 37% más que los pesimistas y el porcentaje de abandono entre los pesimistas era el doble. 

Y, lo que es más, Seligman persuadió a MetLife de contratar a un grupo especial de demandantes de empleo. Que no habían superado las pruebas estándar (basadas en determinar su proximidad a un perfil confeccionado con las habilidades que parecían presentar los vendedores de éxito). Que, sin embargo, habían puntuado muy alto en un test de optimismo. Este grupo especial vendió un 21% más que los pesimistas el primer año. Y un 57% más durante el segundo año.”

Las creencias de las personas en sus potencialidades tienen un efecto increíble sobre éstas. Las personas que tienen esperanzas, que son optimistas, se sienten eficaces ante el fracaso, las dudas o temores.

El verdadero poder para ganar está en nuestras creencias positivas, en el optimismo, el entusiasmo y el poder sorprendente del pensamiento positivo.